29 ago. 2015

Por los caminos del barro

El invierno recrudece aún más la hostilidad del desierto. Nos vamos a la Capital de la Cordillera, a la lejana y elogiada Fiambalá en busca del tesoro que emana de sus entrañas. 
En su curso, la Ruta Nacional 60 nos promete grandes hallazgos. Nos vamos entusiasmando por las crestas nevadas -que desnubladas- aparecen para acercarnos a los confines de la patria, a los altares volcánicos más altos del mundo y en donde más de una quincena de cimas se pelean por hacer flamear banderas de todos los colores, de todos los rincones. ¿Qué poder tendrá la montaña? 
Quizás esta toma de Leandro Pérez -y a modo de preludio- haga más fácil la respuesta.
Seismiles leandroperez.com.ar








Paisaje de La Puntilla
Fiambalá todavía quedaba distante. Antes tendríamos que atravesar una decena de parajes un tanto desidiosos. Los seguíamos con la mirada y cavilábamos sobre la vida a la distancia, sobre la vida sin nada más que el recuerdo del Belgrano llegando a toda bulla por trocha angosta. 

El sistema ferroviario argentino fue por esa época uno de los más extensos del mundo. No sólo comunicaba a los pueblos si no que fundaba otros nuevos, como estos que iniciaron su inexorable
Finca La Sala

desgranamiento cuando partió la última diesel eléctrica el 23 de abril de 1977. Curiosamente el tejido férreo nos acompañó casi paralelo al Río Colorado, era testigo del tiempo estancado. Nos acompañó hasta la localidad de Copacabana, cuya estación permanece intacta como si esperara la reactivación prometida. 


Más allá otra que esperaba era La Sala, una casona neoclásica que a pesar de datar de 1850 es la más fresca de la histórica Ruta del Adobe, no la más joven pero si la más reciente. 
Fachada de La Sala
Su integración a la mítica senda no fue hasta hace un par de años atrás cuando sus dueños decidieron devolverle su esencia e iniciar su restauración. 
Por fuera, sus puertas y paredes permanecen ajadas con el propósito de no tapar su estirpe aristocrático. Por dentro, se disponen muy elegantemente los espacios destinados a la reunión exhibiendo antiquísimos candelabros y jarrones, así como valiosos muebles que habrían pertenecido al Coronel Darío Figueroa. 

La Sala no es sólo una pinacoteca del Siglo XIX sino también una posada con aspiraciones de hotel boutique, bodega y restaurante. La propuesta se completa con un centenar de hectáreas de vides que, por la condiciones naturales de producción, se suman a los caminos del vino. Del buen vino.

A continuación nos tocaba dejar La Puntilla entre fotogramas de holgadas casonas y frescos cañaverales. Llevábamos con nosotros la sensación de adentrarnos a un mundo inusitado pero portentoso. 
En seguida nos topamos con el Río Colorado y un poco más allá con el portal de ingreso a Tinogasta: del cacán "Reunión de Pueblos"; una de las seis ciudades más importantes de la provincia y sin duda la más notable de esta parte de Catamarca. Una ciudad que, sin embargo, se mostraba sin proyección, estática y con un evidente desaprovechamiento de su potencial turístico. Una ciudad que desinteligentemente se mostraba cual deslucida puerta de entrada a los magníficos atractivos de su interior departamental. 
Hotel de Adobe Casagrande

No obstante, desde allí se dispara oficialmente la Ruta del Adobe y la primera parada es un Hotel Boutique. Casagrande se presenta como la alquimia perfecta entre rusticidad y confort, y ¡vaya que logra detentar nuestra atención!
La casona que alguna vez perteneció al Vicecónsul chileno Rodolfo Orella, data de finales del Siglo XIX y fue también sede del Batallón Cazadores de los Andes y Centro Cultural de la ciudad.

Espacio destinado a la Familia Orella
Armoniosamente restaurada y adaptados sus espacios para la recepción de huéspedes, Casagrande deja vislumbrar el barro centenario con el que por siglos se erigieron los pueblos a lo largo de este lado del continente y que, por sus cualidades térmicas y ecológicas, sigue configurándose como una de las más elogiadas técnicas de construcción. 
De forma premeditada el revoque cede para dibujar en adobe figuras aguada, para incrustar botellas de vino o para simplemente contarnos cientos de historias. 
Nos sentimos a gusto, nos conmueven los detalles. Sin dudas estamos en presencia de uno de los hoteles más vistosos de Catamarca... pero la ruta recién empieza.

La 60 nos redirige hacia el norte. Vides y olivos mestizan el árido valle de Abaucán en las afueras de Tinogasta.  La pre-cordillera catamarqueña nos sirve de referencia para imaginar lo que se viene, pero antes El Puesto nos invita a sumergirnos nuevamente en el barro sagrado.

Oratorio de Los Orquera

"Un país de adobe se enamoró del pasado...

...de aquellos años de barro mezclados con paja...

De aquellos tiempos de moldeado en forma de ladrillo...

...de un antaño de secado al aire y al sol...

... y de las épocas en que se afianzaba con cañas y ramas.

Si, ese país vive aferrado al ayer". 
La pequeña capilla dedicada a la Virgen del Rosario emerge de la tierra como los añejos algarrobos que dejan caer sus frutos sobre el suelo terso de agua y barrisqueada. Construida en la primera mitad del Siglo XVIII, es uno de los edificios más antiguos de la Ruta del Adobe y resguarda en su interior una curiosa imagen, traída de Bolivia en 1715, de la Virgen amamantando al niño. 
El complejo de Los Orquera además dispone de un museo, una casa de regionales y cabañas administrados aún por los descendientes de Teófila de Orquera quién inició la línea de sucesión.
Sin embargo, El Puesto fue el heredero póstumo de un pueblo aún más antiguo del cual no quedaron rastros... ¿o si?

Iglesia de Andacollo

 "Adobe con el cielo encima, a salvo del aire que madura y del que agosta...

...¿a qué sol te secaste, con qué manos como estas mías tan feraz te hicieron, con cuántos sueños nuestros te empajaron?

...¡mejor la sal, mejor cualquier pedrisca que verte así: hecho andamio de mi esperanza!

Ya algún día, surco en pie, palmo a palmo, abriremos en tí una gran ventana para ver las cosechas,
como cuando solo eras tierra de labor y ahora rompías hacia el sol bajo el arado".

Como un espejismo, asoma monumental. La Iglesia de Andacollo se levanta impoluta sobre el esfumado villorio de La Falda y nos despierta profunda admiración. Es neoclásica y de barro, una joya arquitectónica en medio de la nada.
Data de mediados del Siglo XIX y es la única construcción en pie hacia el lado occidental de la RN60, tan occidental como sus raíces chilenas. Es la única edificación que -según la leyenda- resistió a la crecida de uno de los afluentes del Río Colorado y a los sismos que destruyeron La Falda por completo.
La Ruta del Adobe se abre camino hacia Anillaco y hacia Fiambalá en donde otras pretéritas capillas e ingentes mayorazgos continúan anudando las crónicas del lejano oeste catamarqueño. 
La historia forjada en arcilla sobrevive aún cuando la premisa fue reintegrarse a la naturaleza y desaparecer para siempre.

Pero, de repente, inmensas montañas de talco nos anuncian la llegada a la "Casa del Viento". La RN60 abruptamente toma dirección oeste y se inmiscuye en la cordillera a fin de peregrinar la Ruta de los Seismiles y culminar en el Paso Internacional de San Francisco.
La Ruta Provincial 34 toma la posta y nos conduce hasta la pintoresca plaza de Fiambalá para desde allí emprender la senda que nos pondrá frente a la Vedette del turismo catamarqueño.


Termas de Fiambalá
A pesar de su gran diversidad paisajística y cultural, Catamarca no supo puntualizar su oferta en un producto estrella con el cual canalizar el flujo y posicionarse en el mercado turístico del Norte Argentino. Sin embargo, lo que no hace una política de gobierno mal definida, lo hace la naturaleza con su esplendor.

Vista de la Quebrada desde el Mirador.
El agua bendita que emana de las entrañas de la Cordillera, y que desciende por la montaña a partir de los 45ºC., es el atributo que instauró a Fiambalá como el destino más visitado de Catamarca y en uno de los diez destinos emergentes mejor posicionados de la Argentina.

Enclavado en una diminuta quebrada, el complejo cuenta con 14 piletones construidos rústicamente en piedra que retienen el agua mineralizada a 1ºC. de diferencia uno de otro. 
De paso, arbustos y viejos algarrobos aprovechan la humedad para crecer exultantes entre las grietas y conformar un súbito oasis.

Las Termas de Fiambalá son un verdadero delirio de la naturaleza. El poder curativo y medicinal del agua hicieron de esta parte de la Provincia una meca del Turismo Salud sumando al alojamiento, servicios de gastronomía, spa y terapias antiestrés; así también trekking y safaris fotográficos por sus alrededores. Quedamos satisfechos.

Agua termal fluyendo a más de 60ºC.

Cabañas



Pileta de 36ºC.

Camino de acceso al complejo.

Pileta de 41ºC.

Pileta de 43ºC.

Pileta de 39ªC.

Ver "Pueblo de Contrastes"
Después de un cálido y relajante baño termal nos esperaban las adrenalínicas Dunas del Dakar. Por los cerros orientales del bolsón de Fiambalá escala la Duna Federico Kirbus que ostenta ser la más alta del mundo con sus 1200 metros.
No obstante, esta yace como patrimonio de los intermitentes pueblos del norte que han ido ganando protagonismo a medida que el Rally Dakar encontraba sus mejores travesías en los rigurosos medanales. 
El primer pueblo en aparecer es Saujil, un oasis propiamente dicho del que emanan vertientes naturales con los que se nutre su consuetudinaria cultura viñatera.
Allí mismo el paisaje afila una cresta de 200 metros de puro médano. Cada paso es implacable, cada bocanada de aire es forzosa y ahí, cuando la cabeza parece estallar, la duna nos gana. 

Dunas de Saujil
Estas montañas que acumulan millones de rocas erosionadas, se forman gracias a pequeños -y muy finos- granos de arena que con la ayuda del viento viajan cientos de kilómetros para finalmente depositarse ante algún obstáculo orográfico y convertirse en aduladas academias de sandboard.
A mitad de la duna y mientras los remolinos se desataban en el vasto e impetuoso desierto, discurría en mi la sensación de hostilidad. La hostilidad que condiciona y limita la vida, y la hostilidad que atrae, que asombra y abre una puerta sumamente importante al turismo alternativo. ¿Un riesgo? ¿Una oportunidad? ¿Un desafío?


Texto y fotos: Gustavo Plaza
Se agradece usar las fotos sin alteraciones, sin uso lucrativo y respetando el nombre del autor. De lo contrario, escribir a gust-p@hotmail.com

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