17 may. 2015

Costa Riojana: entre castillos y dinosaurios

Teniendo en cuenta como se dio la evolución geográfica de nuestro mundo que comienza a tener vigor con la primitiva deriva continental de Wegener, no es 'políticamente incorrecto' que cuando alguien te dice "me voy a la costa"  descartes inmediatamente la posibilidad de que se trate del norte argentino. Si acaso, aunque ganas de expropiar la III Región de Atacama no faltan, la costa más cercana es la chilena... a no ser que los caminos te hayan porteado hasta el hondo interior riojano y te hayan puesto al pie de la Sierra del Velasco. 

RN75. 120 km entre Sanagasta y Aimogasta.
Sí, La Rioja tiene costa y es quizás la curiosidad el primer impulso para recorrerla, porque aunque el mar no ha tenido la ventura de embellecer aún más los paisajes del norte, los cursos orográficos, que sí han proliferado en gran variedad de formas y colores, también pueden costearse. Pues así lo hicieron sucesivas comunidades al asentarse a lo largo de la margen oriental de la Sierra que les dio reparo, y también idiosincrasia. 


Así y todo, nada es más
inherente y profundo que el silencio al que
invita un atardecer costeño.
Para ingresar a La Costa es necesario abordar la Ruta 75, nacional pero no tan popular, o al menos no para los aimogasteños, que en su afán de guiarnos, nos condujeron un par de kilómetros por la Ruta de acceso al Señor de la Peña.
Sin más, cabe aclarar que no es condición, ni siquiera usual, emprender el circuito desde estas tierras olivareras, pero no está demás recabar que por estos lados la 75 se invisibiliza respecto a las mayormente transidas RN60 y RP9.


Iglesia de Anjullón
Aún así la singularidad de este corredor turístico está en que la vida de los pueblos transcurre mucho más lenta. De esto son sinónimo sus calles solitarias y el ruido del viento frenándose en las alamedas. 
Las iglesias se levantan rompiendo la monotonía. Junto a la plaza son las responsables de crear el espacio de encuentro, un lugar para ejercer la socialidad; es entonces inevitable encaminarse hacia ellas porque implica también conocer la historia y personalidad de diminutas sociedades. Adquieren tal protagonismo que lucen conservadas y realzando sus detalles arquitectónicos, casi como un sencillo gesto de suntuosidad.  

Iglesia de San Pedro.
Iglesia Nuestra Sra. del Rosario en Chuquis,
construida en 1849.
Paisaje de Anillaco con la Sierra del Velasco detrás.
Ingreso al Castillo con la leyenda 
"Homenaje a Vincent Van Gogh"
Sin embargo, no en toda La Costa  los edificios centrales concentran las miradas de los foráneos, en la ignota Santa Vera Cruz un castillo "art brut" no puede quedar desapercibido y mucho menos si cada 50 metros un cartel al costado del camino te invita a conocerlo. 
Es seguramente Dionisio Aizcorbe el misántropo personaje que puso a La Costa en muchos itinerarios, principalmente de curiosos y amantes del surrealismo. Tan inusual como atrapante, el castillo que Dionisio tardó 30 años en construir -ermitaño-, recuerda a Van Gohg para luego instalar en cada pliegue mitos y leyendas de la literatura universal. Dionisio pensó y construyó su casa reflejando una filosofía estrafalaria, seleccionando pasajes de diferentes culturas así como símbolos y esculturas atribuidas a su vasta imaginación. 
No sólo el castillo es ineludible al paso por La Costa, sino también las actividades de reiki y yoga que a partir de él se desprenden y que convocan a una nueva corriente llamada "turismo energético". 

Murallas en piedra y cemento
Garrafales esculturas de evocación egipcia,
 budista, hinduísta y cristiana nos acompañan 
en el recorrido hasta el vidriado portal de
 ingreso a la casa de Dionisio.
Vista de parte del Castillo desde las pasarelas.

Todo queda librado al azar, incluso las formas, que desprovistas de orden y simetría, se resisten a encajar en el lente de mi cámara. No hay sentido de la estética ni reglas arquitectónicas que me ayuden a encuadrar tan monumental obra en una burda toma cuadrangular. Es arte, y reflexiono sobre lo grosero de intentar ponerle límites de cualquier tipo, por lo que asumo la autónoma creatividad de Dionisio y me dedico solamente a contemplar. Al fin y al cabo se trata de un arte indiferente a las expectativas (y mucho menos fotográficas) de los visitantes, que seducidos, nos vamos inmiscuyendo en un auténtico Shangri-La.
El Castillo se rodea de pasarelas, un jardín perfectamente parquizado y un solarium con hamacas paraguayas desde las que se puede disfrutar del bellísimo entorno de las sierras costeñas. Un magnífico emplazamiento surrealista con una suerte de exotismo intelectual que valió cada uno de los kilómetros recorridos.
Retratos de Dionisio Aizcorbe


Lejos de que el agua ocupe un lugar protagónico, en la Costa Riojana la postal semidesértica se reproduce a lo largo del corredor tamizándose cada tanto por alamedas y nogalares que coinciden con los asentamientos humanos que restan de la 75. Algunos más y otros menos desarrollados turísticamente, los poblados se abren paso al turismo aventura pero sin dejar de lado el componente gastronómico y artesanal con el que hasta ahora han conquistado a muchos de sus visitantes. Anillaco nos recibe con hoteles y elegantes quintas de fin de semana, nos conduce hacia los puestos artesanales que se ubican bordeando un lago artificial de importante envergadura, más allá la Hostería del Automóvil Club Argentino y demás vestigios del apogeo neo-liberal. Anillaco no es la misma de hace 20 años, pero el dulce de zapallo sabe tan rico como siempre.

De repente la 75 nos pone de cara al Cretácico y nos hace peregrinos del tiempo, porque así como en la actualidad la enogastronomía prolifera en Sanagasta, también lo hicieron en su tiempo los dinosaurios. En estas latitudes, un Parque Geológico devenido en Jurassic Park, se configura como uno de los atractores más novedosos y rojos de la región. (Ver Parque de Dinosaurios - Sanagasta)
El sol enciende la cresta del Velasco mientras el imponente Dique Los Sauces nos humedece un poco la vista y ahí, en donde la gran mayoría le da inicio a La Costa, nosotros la culminamos. Enseguida atravesaremos el túnel del tiempo para volver a la inexcusable rutina.
Parque de Dinosaurios Sanagasta.

Texto y fotos: Gustavo Plaza
Se agradece usar las fotos sin alteraciones, sin uso lucrativo y respetando el nombre del autor. De lo contrario, escribir a gust-p@hotmail.com


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